Iba a escribir "¡leven anclas"! cuando me di cuenta que no hay más tripulación ni pasaje en esta nave más que yo misma.
Una bebida con un tonto 7% de alcohol (lo cual me lleva a creer en una biología hipersensible o un efecto placebo), me anima a empezar.
Resumen amoroso de dos décadas:
Me enamoré de dos piscianos que no me correspondieron. Se enamoraron de mí dos geminianos a quienes no correspondí por más que lo intentara, y que sólo me sacaron de quicio. Me quedaron dos escorpianos, lo cual no es ningún mérito, porque sabemos que no dejan títere con cabeza. A uno lo elegí fríamente para dejar de ser virgen a los 24 años de edad. Me trató muy bien, y me trató muy mal. Al menos cumplió su cometido. El otro me deslumbró y me mintió y ambos creímos su mentira, me desvié de mi propia vida por él, creí enamorarme -pero no-. Me trató muy bien, y me trató muy mal. Y aún cuando me trataba bien me estaba haciendo un enorme daño. Y yo me dejé. Y dejarlo yo a él fue de lo más difícil que debí hacer en la vida, porque no me esperaba nadie. Creo que eso se llama "entrega". Recientemente me auto-rescaté de su depósito de conquistas y ahora voy haciendo dedo, tratando de huir de mi captor y de mi propio síndrome de Estocolmo.
Y todo así.